Una mujer va al médico, la historia real, sincera, humana y brutal de Ray Kluun

No sé por donde empezar a escribir, porque es difícil hablar sobre un libro que acabo de terminar de leer y el cual me ha tocado la fibra sensible, y mucho. Se antoja complicado hablar sobre una enfermedad y plasmarla en una obra sin caer en la “pastelosidad” tan corriente de cientos de películas, donde siempre triunfa el amor y todo es maravilloso, salvo la enfermedad de la que se habla, claro está.
Una amiga me recomendó “Una mujer va al médico”. Preferí acabar otro que llevaba entre manos antes de hacerme con este. Pues bien, llegó ese día y comencé a leer. Cual es mi sorpresa cuando lo abro me encuentro con una fragmento de la canción mítica canción de los Beatles: “Yesterday/all my troubles seemed so far away” (Ayer/todos mis problemas parecían tan lejanos). Un gran comienzo sin duda alguna. Paso la página y me encuentro con el capítulo número uno de la primera parte, de las cuatro en las que está divido, cuyo título es: “What the hell i am doing here/I don’t belong here) (Qué demonios estoy haciendo yo aquí/éste no es mi sitio), extracto de la canción Creep de Radiohead, se mantiene el listón.
De todos los libros y películas que he leído y visto no me he encontrado con nada parecido. Jamás pensé que un libro podía hacerme sentir tanto. Ray Kluun nos relata los últimos años de vida de su mujer, a la que le detectan un cáncer de mama, y como tiene que sacar fuerzas de donde no las hay en esos duros momentos. Se pone en la piel del protagonista, al que le da el nombre de Stan. Y lo hace sin tapujos, pues no os penséis que es el típico marido que está al lado de la mujer, Carmen, las veinticuatro horas del día cuidando de ella.
Si es que el libro es tremendo: una historia real, sincera, humana y brutal. Stan y Carmen (Judith en la vida real) son una pareja joven, con dinero, una preciosa niña de 3 años llamada Luna (Eva en la realidad). Ella es una mujer de éxito, guapa, independiente y él tres cuartos de lo mismo, salvo que es inmaduro y tiene “monofobia”… vamos que no para de engañar a su mujer y le es imposible serle fiel. Sí, yo también pensé todo lo peor de este personaje, hasta que ves como transcurre toda la historia y te pones en su pellejo, y sientes a la vez un sentimiento de admiración y lástima por él. En “Una mujer va al médico” no hay buenos ni malos, todos tienen sus debilidades y su corazón, cada personaje, basado en la vida propia de Ray Kluun, toma su papel y tiene su función, nadie es mejor que nadie. No os penséis que estamos ante la historia tan corriente de una película de Atena3 un sábado por la tarde, en absoluto.
Supongo que el amor que el autor nos quiere describir es el de verdad, y no el típico de los novios de toda la vida besándose a la luz de la luna, no. Las páginas de su libro me han hecho ver que yo estaba muy equivocado en muchas cosas que creía que eran amor cuando no son más que simples rutinas de la vida. Ya lo advierte en la contraportada el propio Kluun: “Sea lo que sea lo que penséis de mí, ésta es mi historia, un crudo relato sobre el amor”.
Me encanta la forma en la que está escrito, ¡fuera la retórica de toda la vida y pedante a la que nos tienen acostumbrados los libros! El lenguaje es directo, sin rodeos, usando palabras de la calle, de nuestro entorno, malsonantes, sin tapujos, que puede que hasta alguno de los lectores menos habituados a él se puedan sentir incómodos en momentos concretos, pero que si fuera de otra forma perdería gran parte de la esencia. Y para colmo, como advertía antes, se incluyen extractos de canciones (Smashing Pumpkins, Radiohead, REM, Rage Against the Machine, Oasis, Bruce Springteen, George Michael, Europe, Suede…), películas (como la Vida de Brian de los Monty Pitón), escritores (Milan Kundera) y artistas en general. Una delicia, que cuida al máximo los detalles, y que si has estado en Ámsterdam y la conoces un poco aún te gustará más.
Poco más puedo añadir a este texto, sólo recomendaros su lectura y advertiros que tal vez puede que os parezca un libro de lo más normal, pero para gustos están los colores.
Cuántos de nosotros alguna vez hemos hecho una captura de nuestra pantalla para enviársela por messenger a algún contacto. Y qué pereza darle al botón “Imp Pant”, abrir un programa de fotografía como Photoshop o el simple Paint, desplegar el menú edición y pegar la imagen, guardarla y finalmente hacerla llegar a la otra persona.



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