Viaje a Estocolmo, crónica y recomendaciones
Escrito por Fuste el 31 de Mayo del 2010
Tenía yo ganas de viajar a los países nórdicos algún día, o empezar por alguno de ellos, pues siempre se ha escuchado que tienen una cultura bastante diferente a la nuestra para estar en el mismo continente, por costumbres y forma de vida. Hace más de un mes compré cinco billetes de avión de Ryanair, cuatro para amigos y uno para mi, a Estocolmo, capital de Escandinavia (o al menos eso nos quieren hacer ver en los letreros que hay por la ciudad).
El Sábado 3 de Abril llegó la esperada fecha. El vuelo, que por cierto costó 90€ ida y vuelta por persona, partía desde el aeropuerto de Alicante a eso de las 19.30 horas. Un poco menos de cuatro horas de viaje nos esperaban, con lío incluido pues una de las azafatas nos dijo que un pasajero había visto que uno de nosotros se había levantado a fumar al baño (algo que era mentira porque en todo el viaje nadie del grupo se movió de su sitio). Fueron unos momentos de tensión en inglés, hasta que la mujer comprendió que era imposible y tuvo que callarse.

A eso de las 23.30 llegamos al aeropuerto de Skavsta. Hay que tener en cuenta esto, ya que en los letreros de salidas y llegadas saldrá este nombre y no el de Estocolmo (lo aviso para posibles despistados o por si hay alguien que espera recogeros a la vuelta y anda buscando la llegada de “Estocolmo”). Este aeropuerto está a una hora en autobús de la capital sueca. No hay que preocuparse, pues siempre hay autobuses justo después de las llegadas de los vuelos que te dejan en la misma estación central de la ciudad. El billete del mismo cuesta unas 80 Koronas suecas. El cambio a euros es muy fácil, solamente hay que dividir entre 10 y ya tenemos el resultado en euros. Hay que tener en cuenta que los países nórdicos son los más caros del mundo, o están en ese nivel. El trayecto en autobús hasta el punto final se hace corto debido a la ilusión del viaje y el ir viendo los nuevos paisajes, aunque esto es un apunte personal claro.

Ya en la capital, en plena noche y con menos frío del esperado, nos dirigimos a nuestro hostal, que estaba a 10 minutos de la estación central. Ya me encargué yo de buscarlo en un buen lugar, pues en un anterior viaje a Londres por buscar algo barato nos fuimos a un sitio que estaba muy bien pero bastante alejado del centro y, en consecuencia, bastante muerto, sin vida. En Estocolmo hay una pequeña isla, comunicada por puentes, llamada Gamla-Stan. Este sitio fue el origen de la ciudad. Es el casco viejo, donde se encuentra el Palacio Real, la Catedral, esas calles tortuosas y estrechas adoquinadas, chocolaterías y cervecerías con bastante encanto, etc. En esta zona es donde reservé una habitación para todos los que íbamos. El hostal se llama “Archipelago”. Su precio es de 28 euros la noche por persona, pero la zona bien merece la pena pues no tendréis que coger metro para ir a ningún sitio y está cerca de todo. Además es un albergue muy limpio, tranquilo y con un personal muy atento. En nuestro caso éramos 5 personas y reservé una habitación de 4 camas, 2 literas. Les envié un correo electrónico para saber si era posible meter una cama supletoria, pagándola, y me contestaron que no había problema alguno. Además, disponen de dos puestos de ordenador con Internet, que fácilmente se pueden ocupar, pues solían estar libres, y conexión Wifi en todo el recinto. También destacar que a tan sólo 100 metros del mismo hay un supermercado con buenos precios donde poder comprar para desayunar, comer o cenar en la cocina del hostal (y a 20 metros de este supermercado se encuentra la calle más estrecha de toda la ciudad). No confundir este supermercado con la tiendas de la cadena “7 & Eleven” que están por toda la ciudad y son bastante más caras. Fue gracioso, pues la mujer del hostal nos vio entrar con bolsas de estas tiendas y nos dijo, en inglés, que cómo comprábamos allí si teníamos el supermercado a un par de minutos. De forma muy amable nos explicó donde estaba. No dejé ocasión de soltar una frase que llevaba años queriendo decir, en algún momento en la que no fuera forzada: “Epic Fail”.
Otra advertencia. En estos países el nivel es más alto. No sé si será por ello que en sus hostales, en ninguno (al menos de todos los que estuve mirando) dan las sábanas. Las puedes alquilar o llevarlas desde casa. Nosotros optamos por lo segundo. En muchos albergues tampoco dan las mantas o colchas pero en este del que os hablo sí, así que no hay problema. Las toallas, como ya es más común, hay que traerlas o alquilarlas.

Como decía, llegamos en la madrugada del sábado 3 al domingo 4. Una vez encontrada nuestra morada, accedimos a ella por medio de una clave que había que introducir en la puerta, pues a esas horas ya no estaba la recepción abierta y allí funcionan con el sistema de introducir claves. Ya arriba, justo al entrar, había una estantería con un sobre y la llave de la habitación metida en el mismo. Sin perder mucho tiempo, y tras el obligatorio reparto de camas, nos fuimos a la cocina a cenar algo para seguidamente dormir. Había que madrugar para aprovechar el domingo, y primer día en la ciudad sueca.
Estocolmo no es una ciudad en la que vayas con una lista en la mano para ir tachando cosas que ya has visto. Es una ciudad para pasear, observar, fotografiar e ir relajado. Al contrario que otras capitales Europeas, no será necesario casi coger el metro ni andar con algún que otro agobio para verlo todo. De hecho, nosotros cogimos el metro por gusto, ya que no nos hizo falta… pero por la curiosidad de ver como era, sin más.
Más o menos todo está alrededor de sus anchos canales. Andando se puede uno mover muy bien. Gamla-Stan, la zona del museo del Vasa y sus parques al norte (donde recomiendo alquilar una bicicleta para disfrutar de la amplia zona y moverse entre los árboles y lagos), los miradores de Sodermalm (al sur) y su zona más moderna, el mítico ayuntamiento holmiense, etc.

Tuvimos la gran suerte de que uno de los días era la celebración de la Pascua, en concreto el domingo. Debido a esto se veía un gran ambiente, por el lunes festivo, y pudimos disfrutar unas seis horas por todo lo grande. Lo curioso es que allí la marcha comienza a eso de las siete de la tarde, por lo que cuando han pasado cuatro horas piensas que tienen que ser las tantas de la madrugada y ves que solamente son las once de la noche. La ciudad tiene muchas tascas de muy buen ambiente, de estas de suelo de madera que chirría al pisarlo y decorados con buen gusto. Es curioso como les gusta allí a todos, mujeres y hombres, la cerveza. En España no se suele ver tanta mujer bebiendo pintas. También es costumbre que en estas especies de tascas de repente un grupo de música o cantante empiece a tocar. Casi todas las noches suelen haber músicos en estos locales que amenizan mucho la velada. Gran costumbre esta. Por daros un ejemplo, tenéis “The Liffey“, justo al lado del hostal dodne estuvimos. Desde su propia página web podéis ver hasta los espectáculos musicales, así como los acontecimientos deportivos, algo que también se lleva mucho por allí. Por cierto, la pinta cuesta de media unas 65 Koronas (6,5€).


Muy recomendadas también son las entrañables chocolaterías y cafés de la ciudad vieja (Gamla Stan), así como las plazas medievales. En Suecia es costumbre aprovechar muy bien los sótanos y algunos de estos sitios están situados tras bajar estrechas escaleras (por ejemplo, el Café Mineur). Todo decorado para sentir que estamos en casa y hacer que estemos lo más cómodo posible. Un buen chocolate con miles de tipo de tartas y dulces nos pondrá las pilas a media tarde o para desayunar por la mañana. Recuerdo que nosotros llevábamos la baraja de cartas y allí que nos pusimos a jugar a la brisca un par de horas. Además, no dejéis de pasar por la plaza de Stortorget, donde las terrazas tienen mantas colocadas encima de la silla para taparnos y entrar en calor, buen detalle. En esta misma plaza es donde, en 1520, tuvo lugar el “Baño de Sangre”. 80 nobles, acusados de herejía, fueron aquí decapitados.

Contrario a esta parte tenemos Södermalm, que antes cité. Antiguo barrio obrero que ahora es el punto de en encuentro de los jóvenes, vida bohemia y la moda. En esta zona sur de Estocolmo se encuentra la torre Katrina (38 metros). Si no se quiere pagar para subir, un poco más adelante, junto al puerto, hay miradores estupendos. Además, en esta zona de la ciudad podemos encontrar el museo de ABBA y también el Globen, el recinto cerrado más alto del mundo, dedicado sobre todo a conciertos y espectáculos (85 metros de altura). Lo mejor para ir por esta zona es investigar un poco sobre los locales de Jazz que en ella ahí, y que son muy buenos.

Finalmente, no hay que olvidar pasarse por la zona del famoso banco donde se forjó el síndrome de Estocolmo. Una curiosidad más.


En resumidas cuentas, fue un viaje muy cómodo y que me hizo ver que una capital no tiene que estar reñida con estrés. Además, siempre podré contara mis nietos que fue en Estocolmo donde pude ver nevar por primera vez en mi vida.



Viernes. Aquí tenemos un disco que me ofrecieron hace relativamente poco tiempo y que es el mejor de los tres para comenzar con ganas. Akron-Family nos trae un disco bastante alegre, con melodías muy marchosas en algunos casos y más relajadas en otros casos. Una buena montaña rusa para subir la persiana, empezar el día con energía y terminarlo por todo lo alto. Que no os engañen con cuentos chinos pues “
Sábado. Tras la posible resaca o cansancio del movido viernes habrá que seguir con algo más calmado, pero sin dormirse pues sois jóvenes. Nada mejor para ello que un disco como el “
Domingo. ¡Aggg… el fin de semana acaba! Haya tranquilidad, que más se perdió en Cuba. Yo sé que los domingos son días jodidos, salvo muy pocas excepciones al año. Lo sé. Pero bien es verdad que hay que intentar tomárselos con un poco alegría, en la medida de lo posible. Fuera de este intento fallido de subir el ánimo, os dejaré un disco de Devotchka. Dicen los entendidos que hay una mezcla en él de música romaní, griego, eslavo y bolero. Ahí es nada. Es un álbum que tengo siempre bastante en cuenta y el cual escucho con frecuencia. “
Con la opción “open” podremos disfrutar de Spotify sin necesidad de andar buscando invitaciones.
La versión “unlimited” nos proporciona, por casi 5€ al mes, basicamente lo mismo que la gratuita pero con dos notables ventajas. Una de ellas es que no habrá restrinciones de horas de uso al mes. La segunda, por otra parte, será que no tendremos que sufrir los anuncios que nos cuelan de vez en cuando.
En tercer lugar tenemos la opción de pago de toda la vida, “premium”, que nos dará la oportunidad de evitar los anuncios, no tener limite de escucha y, lo más importante de esta, podremos llevar Spotify en nuestro móvil, si nuestro terminal lo permite claro.




