
Yo no sé si la gente de este mundo mira para otro lado cuando no quieren ver la verdad o es que no se dan cuenta de lo que pasa. En el llamado “primer mundo” se produce manipulación de las noticias e intentos de que la gente piense lo que los gobiernos quieren que piensen. Incluso se produce esto cuando se sabe que sus habitantes pueden acceder a medios como Internet, donde el boca a boca está a la orden del día y es muy fácil contrastar datos con muchos medios de comunicación. Aquí mismo, en España, cada uno de esos medios barre hacia donde le interesa y cuenta las cosas como le conviene. Pues fijaos si eso ocurre aquí, lo que tiene que ser en un país en el que todo está censurado, desde la televisión a la radio y, por supuesto, Internet. Hablo de Corea del Norte.
En este país critican que desde occidente contamos mentiras sobre ellos. ¿Por qué no dejan pasar libremente a los periodistas entonces para que puedan entrevistar a la gente, grabar lo que quieran y hacer su trabajo? Nada más entrar a Corea del Norte, al turista se le asigna un “guía”. En verdad esta especia de guías son personas que se encargan de que no grabemos lo que ellos no quieren que se grabe y que no vayamos donde ellos no deseen. La censura está a la orden del día, pero claro la población no lo sabe porque no conoce otro mundo.
Los norcoreanos piensan de esta forma sobre la guerra que se produjo entre Corea del Norte y la del Sur: “Estados Unidos provocó la guerra de Corea (la del norte contra la del sur) para invadir este país. Su objetivo es conquistar toda Asia y servirse de la península de Corea como trampolín”. A la pregunta de la periodista a un líder de las fuerzas armadas de que si no piensa que esta teoría podría estar equivocada, éste último responde: “No empiece con propaganda estadounidense, no me gusta. Va contra las normas de nuestro ejército”. La periodista vuelve a tomar la palabra: “Es que en occidente se dice que a los ciudadanos de este país (Corea del Sur) se les ha contado una gran mentira sobre dicha guerra”. El militar le responde entonces: “Incluso, aunque tuviera pruebas, nunca lo aceptaría. Todo es falso y no cambiaría nuestra repugnancia hacia EEUU. Odio a los norteamericanos hasta la muerte, lucharé contra ellos hasta el final. Mataré a los estadounidenses, sobreviviré y salvaré la revolución. No quiero saber más de lo que dicen de nosotros y si sigue preguntándome sobre ellos daré por concluida esta entrevista”. Si no obedece, “aconsejan” a la periodista de que no siga por ese camino. (Fuente). A los norcoreanos les da igual si hay pruebas o no, si a ellos no les gusta de lo que se habla inventan el pasado o censuran.
Si en Corea del Norte dicen que una persona es un espía no durarán enviarlo a un campo de trabajo de prisioneros. Pero no sólo a él, sino a su descendencia y a la descendencia de su descendencia. Sí, parece un trabalenguas, pero llevan a cabo este método para erradicar del todo esa “semilla” que no no ha salido como ellos esperaban. Hay exiliados por este motivo, porque tuvieron que huir del país cuando descubrieron lo ocurrido con sus antepasados. Resulta impresionante, también, como todo es enfocado a la guerra. Autovías de hasta cinco carriles totalmente desiertas, sin ningún vehículo particular. Todo preparado para los tanques o para ser destruido en caso de un posible ataque. La estatura mínima exigida para entrar en el ejército es de tan solo un metro y treinta centímetros.

Pero fuera de lo que es la política y el ejército, me quiero centrar en la vida diaria. Bien es cierto que Corea del Norte, como he leído por ahí, no hace daño a otros países, por esto no podríamos hablar de un país imperialista. El daño se produce sobre su propia población. Un país donde a las personas que nacen con anomalías mentales o físicas no se dejan ver fácilmente por la calle. ¿Por qué ocurre esto? Son destinados al campo, pasan su vida trabajando allí y difícil será verlos por las ciudades. También es el gobierno quien ordena quien puede estudiar y quien no, según el nivel intelectual de cada persona. Hablar con un extranjero puede ser muy peligroso, pues la sospecha permanente sobre posibles espías del exterior está ahí. La población prefiere evitar líos. ¿Os imagináis que conocéis a un extranjero y os impiden preguntarle sobre su país y sus costumbres y que es lo que hacemos todos al conocer a alguien? En Corea del Norte es imposible.
Los ciudadanos norcoreanos creen que su país está más avanzado que sus vecinos capitalistas del sur. Muy pocas personas en aquel país conocen la verdad. Todos sabemos que Corea del Sur es uno de los líderes mundiales en conexiones de banda ancha, así como compañías consagradas en el mundo de la tecnología como es “Samsung” y otras que están abriéndose camino como “HTC”. Justo en el polo opuesto, en Corea del Norte sólo hace unos pocos años que existe Internet. Pero no os penséis que disponen de este invento como se conoce aquí. Allí está restringido a unas pocas páginas. Servicios como Google o Google Maps allí es ciencia ficción. Además, el acceso a esta herramienta está solo disponible para personas privilegiadas como altos cargos de funcionarios, por ejemplo. Un correo electrónico no se manda con darle al botón “enviar”. Lejos de ello, antes llegará a unas personas que lo leerán para censurar lo que ellos crean conveniente. Así funciona la red de redes en Corea del Norte. Todo esto, claro está, es hablando de la capital, Pyongyang. Fuera de esta ciudad todo esto es como hablar aquí de que los coches algún día volarán.
Por supuesto, lo primero que hacen al llegar al país es requisarte el móvil o cualquier otro aparato que tenga conexión vía satélite. Ni que decir tiene que allí los vehículos sólo los llevan los altos cargos y que la población se desplaza en carro o bicicleta. Hablar del televisor es como remontarnos a los primeros tiempos de la TV en España, o peor. La programación es pura propaganda del gobierno, que se repite durante todo el día. La radio, lógicamente, también está controlada por el gobierno y es más de lo mismo.
En Corea del Norte todo está cuidado al detalle, nada está dejado a la suerte. Las visitas de los turistas están mas que programadas. Una curiosidad: No puede haber en el país más de 3 visitantes estado unidenses y éstos no pueden estar por más de tres días.

Con una burbuja así es casi imposible que alguien de fuera pueda en integrarse en el país. Existe un español, de Tarragona, que lo ha conseguido. Su nombre es Alejandro Cao de Benós (en la foto superior es el que tiene cogido el sobre) y es presidente de la Asociación de Amistad con Corea. Trabaja en relaciones culturales con países extranjeros. Ahora es un norcoreano más. Aunque se antoja extraño pensar que como un hombre que puede salir fuera y al que no se le puede engañar, si no se deja, se deje manipular de esa forma. Se le ha acusado en varias ocasiones de intimidar y amenazar a periodistas extranjeros. Por cierto, tiene un blog personal cuya dirección es www.alejandrocaodebenos.com/blog/.
En el periodo desde 1995 y 1999 fallecieron por hambre entre uno y dos millones de personas. A finales de 1998, UNICEF y el Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas (PMA), publicaron el primer estudio científico de la falta de alimentos que sufre Corea del Norte. El 60% de los niños menores de siete años estaban “atrofiados” física o mentalmente debido a la desnutrición, que data de mucho antes de la crisis. La hambruna, que continúa siendo un grave problema en Corea del Norte, aunque no tan devastador como en la mitad y finales de los años 90, debido a nuevas inundaciones en el año 2007 y a reducciones de la ayuda alimenticia proveniente del exterior. Podéis más sobre esto en la Wikipedia.
Existen documentales bastante buenos sobre Corea del Norte. Uno de ellos es el de la BBC, que bajo el nombre “Acceso al terror” realizó un reportaje que no deja muchas dudas del estado actual del país. John Sistiaga, el periodista español, también se adentró en el país y llevó a cabo un reportaje titulado “Amarás al líder sobre todas las cosas“. Ambos son muy recomendados, por mi parte. Si buscáis un poco más podréis encontrar otros. Muchos dicen que hay sensacionalismo en algunos de estos trabajos, yo, sinceramente, no veo ningún sensacionalismo cuando se cuenta lo que se ve. Cada uno que saque sus propias conclusiones. Y con todo esto no quiero decir que el mundo occidental sea perfecto, en absoluto, pues aquí también tenemos lo nuestro. Una cosa no quita la otra.
Si, finalmente, os quedáis con ganas de saber más y leer sobre el tema os recomiendo una novela gráfica, llamada Pyongyang, del francés Guy Delisle. No la he leído, sinceramente, pero la intentaré comprar cuanto antes pues he visto que es más que buena.