Cuando las luces de la ciudad se apaguen
Escrito por Fuste el 3 de Diciembre del 2009
¿Cómo sería leer un disco de música de la buena? Rock de ese de guitarras chirriantes al más puro estilo de los discos de Queens of the Stone Age, por ejemplo, que no nos dejan ni un segundo de respiro y nos llevan de un lado para otro. Si queréis saber la respuesta sólo tenéis que haceros con el libro de “Cuando las luces de la ciudad se apaguen”.
Hace más de una semana terminé de leer este libro que me fue recomendado. Está compuesto, como si de música se tratase, por una “cara a”, “cara b”, etc. Por supuesto que no podría faltar su “Bonus Track”, pues como buen disco sería equivalente a cuando nos quitan ese último bocado de un dulce que nos estamos comiendo. Porque, todos sabemos, que si nosotros no nos comemos lo último nos quedará ese regustillo amargo. Claro, siempre hay quien quiere más, y para ello están los “Remixes”, que gustan a unos y a otros no. Esto último también ocurrirá en este “Cuando las luces de la ciudad se apaguen”. Ya os lo digo, es un disco que se lee.
Qué decir de su argumento. Yo no he visto muchas películas de Tarantino, pero me sabe a esa atmósfera suya en la que siempre aparecen unos tipos duros que lo dan todo y en el que las chicas nunca llegan a estar en un primer plano, o casi nunca. Por no hablar de esa actitud de los personajes en las que todo parece importarle poco y se toman la justicia por su mano. Lenguaje de la calle, nada de intentar agradar al lector con una bella prosa, acontecimientos que ocurren a la velocidad de la luz… así son las páginas de este libro. Si os interesa, descubrid vosotros su historia, que yo no la voy a contar.
Y por supuesto, la cantidad de referencias a películas, escritores, grupos, discos y actores míticos, y no tan míticos, es bastante elevada, como no podía ser de otra forma. Por citar algunos ejemplos: James Dean, Jeff Buckley, Henry Miller, The Smashing Pumpkins, Temple of the Dog The Doors, Queens of the Stone Age, Sigur Ros…
No todo puede ser bueno, pues el libro está descatalogado. Tranquilos, que ahora viene la buena noticia: Sólo lo venden en una librería de Málaga, Librería Proteo, y se puede comprar por Internet por 10€ (más 6 de gastos de envío). Te llegará a casa en dos días desde que lo pagas.

“¿Estas cómodo, Georg? Es importante que estés bien sentado, porque voy a contarte una inquietante historia. Pero tal vez te hayas acomodado ya en el sofá de piel amarillo. Bueno, si es que no lo habéis cambiado por uno nuevo, qué se yo. O también puedes haberte sentado en la vieja mecedora del jardín de invierno que tanto te gustaba… varias veces he intentado imaginarme cómo será el mundo dentro de unos años, pero nunca he conseguido forjarme una buena imagen de ti y de cómo eres ahora. Sólo se que fuiste. Ni siquiera sé la edad que tienes a leer esto…”. Así comienza la carta que recibe Georg de su padre después de once años muerto. No quiero desvelar mucho más de la trama, pero añadiré algún matiz. Georg, un muchacho de quince años, pierde a su padre con tan sólo cuatro. Un buen día, sus abuelos descubren una carta que su padre había dejado escrita sabiendo que iba a morir y que estaba dirigida especialmente para su hijo. A partir de este momento se inicia una historia cargada de amor, reflexión, recuerdos y, sobre todo, muchas preguntas.



“Lo esencial es invisible a los ojos“. Si pasas por una librería y ves “El principito” te puede resultar que está escrito especialmente para niños, pero, lejos de eso, no es así. Esta semana he puesto mi casa patas arriba en busca de este libro, que sabía que tenía desde hace muchos años (aun tiene la etiqueta del precio, 300 pesetas), porque tenía especial interés en leerlo debido a que me habían hablado muy bien de él y nunca me había parado a echarle ni un simple vistazo.

Demian es una novela psicoanalítica. A mi esta palabra, psicoanálisis, me resulta muy bonita, culta, estética… y todos los adjetivos positivos que queráis ponerle, pero no me dice nada si el contenido no es bueno. No leo libros, ni veo películas, ni escucho discos sólo para luego soltar un mitin sobre eso y creerme la persona más sabia y culta del mundo, al revés… me gusta usar el lenguaje de la calle, que me resulta más cercano y no nos vamos a rasgar las vestiduras por darle uso.
John Boyne, su autor irlandés, ha conseguido crear una novela que, aunque está pensada para niños, pienso yo, de unos 14 años, también sirve para toda clase de público. A pesar de tratar un tema delicado en la historia de la humanidad, no diré nada más, el autor consigue hacerlo de una forma cariñosa y emotiva. Es una historia a la que una persona amiga mía llamaría “tristeliz“. Si os animáis a leerla lo comprobaréis por vosotros mismos.