Los renglones torcidos de Dios
A diferencia de los que dicen que en verano hay más tiempo para leer, no digo lo contrario, a mi no me sirve de mucho esta época porque el calor agobia a cualquiera y uno prefiere el frío de otras estaciones para echares la manta por encima y disfrutar de un buen libro. No obstante si he tenido tiempo de terminar algún ejemplar y comenzar otro. Os voy a hablar de Los renglones torcidos de Dios.
Me ha sorprendido gratamente este libro, pues cuando me lo recomendaron no sabía muy bien de que iba y lo compré a ciegas, aunque no guardo mucho cariño por el/la recomendador/a. La protagonista de esta historia es Alice Gould, una detective que debe ingresar de forma voluntaria en un psiquiátrico para resolver un misterioso caso que un cliente ha puesto en sus manos, ya que según las pistas el supuesto asesino se encuentra allí. Durante su estancia en este centro Alice dedicará los días a estudiar a los enfermos con el objetivo de llevar a buen puerto su misión. El verdadero problema comenzará cuando descubra que por un error de ingreso en el psiquiátrico, y confusiones entre el cliente y los médicos, no podrá salir del mismo y deberá demostrar quién es y por qué está allí.
Hasta aquí puedo leer. Recomiendo encarecidamente que no leáis la contraportada del libro, que no sé muy bien quien la escribió pero que en aquel momento parecía no pensar en las consecuencias de ello. Este es uno de esas obras que cuanto menos se sepan de ella mucho mejor, pues sus páginas están llenas de misterios y un sólo “spoiler” podría arruinaros la lectura.
Y hecha esta advertencia os contaré que “Los renglones torcidos de Dios” relata con bastante credibilidad la vida dentro de un psiquiátrico. Eso sí, hay que verlo en el contexto en el que fue escrita, en la época del franquismo. Estos centros han cambiado mucho desde entonces. Las descripciones de los enfermos y de sus comportamientos están bastante cuidadas y hechas con mucho detalle. Es más, tengo constancia de primera mano, por un amigo, que en la Universidad de Murcia suelen poner este libro como lectura obligatoria en una asignatura de enfermería. Y es que el autor, para escribir esta novela, decidió convivir directamente con los enfermos y estar ingresado durante casi veinte días junto a ellos para estudiar sus costumbres y comportamiento diario.
En resumen, “Los renglones torcidos de Dios” es un libro con el que podremos adentrarnos y conocer un poco más el mundo de la psiquiatría y los enfermos mentales, pues nunca está de mal saber un poco de todo y más en estos temas, a la par de la intensa trama que va ocurriendo durante toda la historia y que en ninguna parte de la misma dejará paso al aburrimiento. Si lo empezáis no podréis parar hasta ver como acaba todo. Os lo aseguro.
Cuando llegó a mis oídos, o más bien a mis ojos, la noticia de este libro no me hizo demasiada gracia, por varios motivos. El título del mismo me recordaba a una mala telenovela o película se serie b. Sí, como esas que nos coloca Antena 3 los sábados de invierno por la tarde. Además, se desprendía un aroma bastante fuerte de intento, por parte del autor, de aprovechar el éxito de “
Dejando de lado el tema físico del libro, centrémonos en el esencial. “El frío modifica la trayectoria de los peces” viene a decirnos que ante situaciones inesperadas, cuando algo parece que va mal, se producen situaciones excepcionales, y todo puede dar la vuelta. No hay que perder la esperanza. Las pequeñas cosas de la vida que están ante nosotros, y que no por ello son menos importantes, están día a día ante nuestros ojos y no nos damos cuenta de ellas hasta que ocurre algo. Prisas, problemas, agobios… la vida pasa y dejamos pasar y también dejamos pasar a las personas. Personas de las que jamás hubiéramos imaginado su forma de ser, recurriendo a la conocida pregunta retórica de “¿por qué no te habré conocido antes?. No vivimos solos en este mundo, eso es lo que viene a decirnos Pierre Szalowski. Pero no sólo en el mundo… sino en nuestra propia calle.

“¿Estas cómodo, Georg? Es importante que estés bien sentado, porque voy a contarte una inquietante historia. Pero tal vez te hayas acomodado ya en el sofá de piel amarillo. Bueno, si es que no lo habéis cambiado por uno nuevo, qué se yo. O también puedes haberte sentado en la vieja mecedora del jardín de invierno que tanto te gustaba… varias veces he intentado imaginarme cómo será el mundo dentro de unos años, pero nunca he conseguido forjarme una buena imagen de ti y de cómo eres ahora. Sólo se que fuiste. Ni siquiera sé la edad que tienes a leer esto…”. Así comienza la carta que recibe Georg de su padre después de once años muerto. No quiero desvelar mucho más de la trama, pero añadiré algún matiz. Georg, un muchacho de quince años, pierde a su padre con tan sólo cuatro. Un buen día, sus abuelos descubren una carta que su padre había dejado escrita sabiendo que iba a morir y que estaba dirigida especialmente para su hijo. A partir de este momento se inicia una historia cargada de amor, reflexión, recuerdos y, sobre todo, muchas preguntas.



“Lo esencial es invisible a los ojos“. Si pasas por una librería y ves “El principito” te puede resultar que está escrito especialmente para niños, pero, lejos de eso, no es así. Esta semana he puesto mi casa patas arriba en busca de este libro, que sabía que tenía desde hace muchos años (aun tiene la etiqueta del precio, 300 pesetas), porque tenía especial interés en leerlo debido a que me habían hablado muy bien de él y nunca me había parado a echarle ni un simple vistazo.
